La economía, al igual que un corredor de maratón, atraviesa ciclos de crecimiento y contracción. Estos ciclos se conocen como ciclos económicos y constan de tres fases principales: expansión económica, recesión y recuperación. Tanto si eres inversor, operador, proveedor de señales o incluso un consumidor habitual, es fundamental comprender estas fases y cómo afectan a los distintos activos.
La fase de expansión es como un día despejado tras un periodo de lluvias. Está llena de vida y prosperidad. Durante esta fase, el nivel de empleo es alto, el desempleo es bajo y la actividad económica alcanza su punto álgido. El aumento de la demanda provoca un incremento de los precios y los tipos de interés, ya que el banco central trata de controlar el crecimiento económico.
Los inversores tienen una mayor apetencia de riesgo durante esta fase. Piensa en ello como un momento en el que la gente está dispuesta a invertir en activos más arriesgados para obtener mayores rendimientos. Las acciones y ciertas materias primas suelen tener un buen rendimiento durante este periodo. El mercado tiene confianza en la inversión, con el objetivo de obtener una rentabilidad superior a la que ofrecen las cuentas de ahorro tradicionales, que a menudo se quedan por detrás de las tasas de inflación.
Las empresas registran mejores resultados y lanzan nuevos proyectos, lo que atrae a más inversores. El mejor rendimiento de las empresas y el aumento del apetito por el riesgo contribuyen a las tendencias alcistas del mercado. Del mismo modo, materias primas como el petróleo experimentan una alta demanda debido al aumento de la actividad económica, como la industria manufacturera y los viajes.
Los activos más seguros, como los bonos y las inversiones refugio, pueden registrar un rendimiento inferior durante esta fase. Al tratarse de opciones de bajo riesgo, sus rendimientos tienden a ser más bajos, lo que los hace menos atractivos en comparación con los activos de mayor riesgo.
2. Fase de recesión
Ahora, abordemos la fase que a menudo acapara los titulares con palabras como «caída» o «declive».
Sí, el mercado de valores comienza a desplomarse y las materias primas siguen su ejemplo. Otros activos de riesgo también se ven sometidos a presión. Pero entendamos por qué ocurre esto.
Imaginemos una familia típica de cuatro miembros. Ambos padres trabajan, tienen 25 000 dólares en ahorros y otros 25 000 invertidos en el mercado de valores. Durante una recesión, uno de los padres pierde su empleo y al otro le reducen el sueldo un 20 %. Las acciones se consideran más arriesgadas que las cuentas de ahorro y los bonos. ¿Cree que conservarán sus acciones o las venderán? ¿Aumentarán sus ahorros y optarán por activos más seguros?
Durante este periodo, los inversores tienen un bajo apetito por el riesgo. Buscan seguridad, recurriendo a menudo a cuentas de ahorro y bonos. Este aumento de la demanda de bonos es evidente. Además, la actividad económica disminuye, lo que conduce a una menor demanda de materias primas como el petróleo.
3. Fase de recuperación
La fase de recuperación, o la fase del «uf, ya pasó» para algunos, ve cómo la economía y los mercados de inversión se estabilizan. Las personas desempleadas encuentran trabajo gradualmente, los salarios comienzan a subir y la actividad económica repunta. Todo parece ir bien, pero ¿qué ocurre con los activos negociables?
Durante este periodo, la inflación tiende a ser alta debido a los bajos tipos de interés y a una menor oferta de bienes. Esto significa que las personas necesitan obtener rendimientos sustanciales para preservar el valor de su patrimonio.
Volvamos al ejemplo de la misma familia. Ahora tienen 30 000 dólares en ahorros y 20 000 dólares en bonos. Ambos padres vuelven a trabajar, pero sus cuentas de ahorro solo ofrecen un rendimiento anual del 0,10 %, y los bonos no están rindiendo mucho mejor.
La familia podría vender sus bonos y reducir sus ahorros para buscar rendimientos más altos. En este escenario, podrían recurrir al mercado de valores, quizá optando por 25 000 dólares en acciones y 25 000 dólares en una cuenta de ahorro.
Este cambio en la demanda hacia las acciones y un aumento en el valor de las materias primas debido a una mayor demanda de combustible y materias primas caracterizan la fase de recuperación.
En conclusión, aunque los ciclos económicos puedan parecer intimidantes, la historia nos ha demostrado que a los tiempos de dificultades les sigue la recuperación. Al comprender cómo reacciona el mercado ante estos ciclos y las condiciones actuales, los inversores pueden tomar decisiones informadas basadas en su apetito de riesgo y sus circunstancias personales. Los ciclos económicos son como un patrón recurrente que, aunque supone un reto, en última instancia conduce al crecimiento y la renovación.
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